Se acuerda
Que el nieto se llama Juan y cumple en marzo. Que la hermana llama los domingos. Tres semanas después pregunta cómo salió aquello, sin que nadie se lo recuerde.
Alguien con quien charlar, en el celular de siempre.
Para alguien que pasa muchas horas solo y tiene con quién hablar poco seguido. Una madre, un padre, un abuelo. Tumi está en su celular, le contesta cuando le escribe, y a veces le escribe él.
Que el nieto se llama Juan y cumple en marzo. Que la hermana llama los domingos. Tres semanas después pregunta cómo salió aquello, sin que nadie se lo recuerde.
Hay un botón grande de micrófono, porque escribir en un celular a los ochenta es la barrera más alta de todas. Habla, y el mensaje sale solo.
Si la letra ya cuesta, Tumi lee sus respuestas. Se elige la voz, y el tamaño de la letra va de chica a enorme.
Un “¿cómo anduvo el día?” un martes a la tarde. Con un techo: dos por día como mucho, y nunca de noche.
Cada persona tiene lo suyo, con su clave: su charla no está mezclada con la de nadie. Quien la cuida puede entrar a leer y ajustar cómo le habla Tumi.